Has entrado, como quién te pregunta si puede pasar cuándo ya está dentro, sin hacer mucho ruido. Has penetrado y ahora estás en las capas más profundas de mi piel, en mi propia sangre, has ido directa al corazón donde te gusta devorarme, donde aceleras cada latido, dónde provocas infartos a cada segundo
Ya no soy yo. Eres tú. Quien dirige, quien controla y acecha, has invadido mis órganos internos, mi cerebro no deja de pensar en ti y mi hígado sufre cada vez que intento contrarrestar tu ausencia con alcohol. Te has adueñado de cada pensamiento.
Tú mandas.
Decidirás en que momento respirar y cuando dejar de hacerlo. Me dejas sin aire, te llevas cada molécula de oxígeno de mi cuerpo. Perdona que ya no diga nada, mis palabras se pierden y desaparecen. Dónde agonizo a tu antojo.
Quédate con este cuerpo. Ya sé que es para tí, lo sé, ya lo he entendido. Es tuyo. Haz con él lo que quieras.
Pero, por favor. Por favor.
Si no quieres que siga aquí, mátame ahora. Porque ya no puedo soportarlo.
Tu juego no deja de dolerme, y yo hace tiempo que decidí no jugar.
Si no te quieres quedar, sólo te pido una cosa. Odíame. Pero no me hagas creer que sigo ahí.
O quiéreme. No te pido algo tan díficil. Hubo momentos en los que lo hiciste.
Sonríe cada vez que pienses en mí. Cada vez que cierres tus ojos.
Muérete por verme. Llámame a todas horas. Hablame hasta de lo más insignificante que te ocurra. Demuéstramelo.
¿Que es lo que te pido? ¿Acaso es mucho? ¿O es lo mismo que me pides a mí? Te pido que me quieras, que me digas que me quieres, que estás dispuesta a arriesgarte, que quieres follarme cada vez que te cruces conmigo. No pido nada que no hayas hecho antes. Ahora sólo quiero que sea a mí. Que te vuelvas loca. Que sueñes conmigo. Que mires mi número en tu teléfono. Que te desesperes por mí. Te digo. Quiéreme. A mí. Y puede que a lo mejor esté dispuesto a arriesgarme. D.
Estas por ahí. A veces me miras, a veces soy yo el que se
deja ignorar, y todo siempre a través de una tercera, una extraña. Dura solo un
momento, una mirada, una sonrisa o un gesto, el tiempo justo para que me dé
cuenta de lo que ya hace tiempo tú y yo sabemos. Qué sí, que sigues ahí.
Me dejas hacer. Como quien se espera al hambre de postres.
Un hambre de vuelta, un hambre necesaria, vergonzosamente orgullosa de tanto
hacerse esperar. Por eso me dejas hacer. Que las quiera, que las olvide, que
las consienta, que me las ponga, que se lo de todo. Quieres que te vea de
vuelta, que te quiera de vuelta, que volvamos juntos a cualquier sitio menos al
lugar del que partimos.
Me vas a dejar. Sé que eres tú la que me lo ha de devolver
todo. El dolor que causé, sin intención de hacerlo, pero dolor al fin. Los días
que tuve que ser y no fui, pero también los días que fueron y nunca debieron
haber sido. Lo que deje empezado. Los besos que me acabé antes de estar
acabados. La que me ponga en mi sitio, la que te saque de mis casillas, la que
me haga perder el norte, el tiempo, los papeles.
Tú ya me has encontrado. Solo esperas el mejor momento, el
más vulnerable, el más débil, más amable. Pero los dos sabemos que ya me has
encontrado. Es solo cuestión de tiempo. Que te presentes en mi vida, me vuelvas
loco y me des esa vuelta que me deje mirando hacia la nada del que ya lo ha
visto todo.
Porque ahora sabes dónde estoy.
Y tú, tú más que nunca, estás por ahí.
Risto Mejide
El pensamiento negativo.
Como dijo la canción, "el cielo es un lugar en la Tierra
contigo". No lo olvides nunca. Yo nunca lo olvidaré. Tú eres el
lugar donde quiero vivir.
Piensas si ha sido por
alguien. Qué demonios. Siempre es por alguien. Tendemos a amar aquello que nos
falta en esta vida. Así fue como ella vino hacía mí, y así es como ella se alejó.
Pero en ese intervalo de tiempo piensas: "tú eres diferente al anterior, tú eres especial". Mentira. Y cómo la vida consiste en que vas
cambiando o te van cambiando de pieza, echas la vista atrás. Algo habrás hecho
para que tu pieza sea tan rápida de desechar. Y cuándo ocurre una y otra vez,
ya de verdad te planteas si en realidad, el culpable eres tú. Imposible. Crees que es imposible, que lo diste todo, que eras un buen protector, que siempre estabas ahí cuando te necesitaban, incluso crees que fuiste un buen amante. O eso es lo que realmente quieres ver, sólo para intentar convencerte de que eres mejor que cualquiera que pueda conocer o que ya haya conocido.
Me lo dice con la mirada aunque su boca lo niegue. Miedo. Me tiene miedo. A mí. Aún sigue sin tener sentido. Dice que quiere ser feliz, que ahora está bien, sin atarse con nadie. Quiere ser honesta conmigo, gran gesto por su parte pero yo prefiero no saber lo que hace con otros y no conmigo. Dice que algún día puede que decida estar conmigo. Me lo dice con mi corazón en su mano, y el suyo resbalándome entre los dedos.
Teme que vuelva a pasar otra vez. No se dio cuenta de que llegó en mal momento. Yo no podía elegir.
No soy de decir las cosas claras, pero no hay que ser muy listo para no verlo. Yo acabé tomando una decisión. Probablemente, esa decisión vino ella hacia a mí y no al revés. Pero la tomé. Pude haber elegido marcharme de todo. Pero esa no fue mi decisión.
Ahora sólo estoy esperando a que me diga que podría arriesgarse de nuevo, ya tomaré una decisión. La única diferencia es que solamente contigo tengo la sensación de que ando en círculos, y tú siempre apareces de nuevo en mi órbita, y cerca o lejos, yo seguiré andando en círculos hasta que me quieras encontrar.
Desde el primer momento supe que eras diferente al resto. Tú y yo no podemos ser amigos.
...
"-Pues no se en que he fallado, no puedo
creerlo, en algún punto se me ha enfriado, ¿ha sido por algo que he hecho yo?
- Jamás es por algo que has hecho, las personas
son así, el amor se marchita”
¿Qué se debe de hacer cuándo se ha tocado fondo? ¿Qué se hace cuándo después de caerte una y otra vez y levantarte cada una de ellas te vuelven a tirar a la lona? Cuándo dedicas tu vida a demostrar que puedes cambiar, cuándo se lo demuestras y el resultado es acabar sintiendo que lo has perdido todo.
Hacía tantísimo tiempo que no me sentía tan mal, tan como una mierda, que no lloro sólo por rabia y por conservar el mínimo orgullo que me queda.
Sigue pasando el tiempo, y sigue la gente sin valorar lo que se tiene y a la vez se desprecia.
Y ya no se qué hacer. Para que seguir intentándolo. He fracasado en todo lo que he intentado conseguir. En todo lo que he amado.
No han cesado de destrozar este corazón, al que ya sólo le queda rabia. El mismo que hace un año decía que iba bien por ese camino: que no me dejasen de atar, que si lo hacían volverían a destrozarlo. Que siguiera siendo un cabrón, un insensible y no sintiera el mínimo afecto por nadie. Maldito sea en que dejé de hacerle caso.
Me gustaría mentirle y decirle que no albergaré esperanzas de que algún día seas capaz de ver tu error. Pero mi corazón, el más idiota de todos, siempre esperará que alguien le cuide. Sólo se que ahora me toca entonar la canción más fea del mundo.
Lo entendí hace tiempo, y las experiencias de personas (y la mía propia) que conozco hacen que lo corrobore. Avanzar, como olvidar, es uno de los actos más complicados que hay en la vida.
Lo pasamos mal al intentar avanzar, por eso, cuándo llega a nosotros el pesimismo, la tristeza y el abandono no se tiende a avanzar sino a retroceder a aquello que nos impide avanzar, para sentirnos bien e intentar coger impulso para seguir hacia adelante.
No podemos avanzar si aún hay cosas que nos ligan al pasado. Hay muchas personas a nuestro alrededor, que nos quieren, que nos ayudan y que nos hacen ver que con ellas sería fácil avanzar, pero el ser humano es de género idiota y al final caemos a lo que durante tanto tiempo hemos intentado evitar.
Y ya en esta situación nos da por afirmar que ya que estamos otra vez partiendo de cero y que todo lo avanzado después de tanto tiempo ha quedado en balde, a lo mejor podríamos volver a recorrerlo con esa persona.
Porque ha habido personas que te han puesto mil trabas en el camino, más excusas y sólo riesgos. Que no te han demostrado nada o lo han hecho tarde y mal. Entonces llega la gran pregunta, ¿para que avanzar si lo único que me ha hecho feliz es el pasado?
A mí me ha ocurrido, y he vuelto a caer en el error de pensar en que nada volverá a ser como antes, que no tiene sentido llorarle al presente cuando el pasado llama a tu puerta. Y es que hay que pasarlo realmente mal para avanzar, y aún peor para no caer a aquellos "errores" que nos hicieron tan felices.
Al final, la esencia de esta vida consiste en eso. En compartirla con otro ser para no sentirnos sólos. Para que cuando estemos mal, alguien que realmente le importas incondicionalmente te eche un hombro por encima y te diga que esto sigue, que no te olvides de que seguirás tropezando, que comienza un nuevo día.
He creído (con lo ñoño que soy) que yo sería una de esas personas que no conciben la vida sin estar sólo. Que necesitaba que alguien me dijera que un día nuevo empieza pero con esa persona al lado. La soledad de uno mismo es tan maravillosa que poca gente la conoce. Esas ganas de no depender de nadie. El amor es precioso, pero lo que jode y molesta no lo sabe nadie.
Y es que sé que al final de cada día la única persona que seguirá apoyándote en que vuelvas a tropezar una vez más serás tú mismo. Y eso ocurrirá cada uno de los días de nuestra vida. Esa sensación de que un día nuevo comienza, que no sabes ni lo que te deparará, ni las veces que volverás a errar. Pero si sabes que ahí seguirás. Luchando por equivocarte hasta que exista un día en el que choques con algo que no quieras desprenderte nunca.
He tenido mucho tiempo
en estos días para pensar, para encontrarme a mí mismo y para echar de menos a
personas que no te das cuenta de lo que son hasta que las pierdes. Y he llegado
a una conclusión.
Prometo que esta es la
última que voy a retroceder. D.
Tanto tiempo sin llamarte “mi vida”. Tanto tiempo sin escribirte a la cara. Esta vez sólo tú sabes que me dirijo a ti. Te escribo a toro pasado, después de la batalla, cuando dicen que todos somos generales.
Pero te juro que ha sido necesaria la distancia de un adiós y el tiempo de varios silencios para atreverme a esto. Te preguntarás por qué lo hago aquí y de esta manera. Que qué hace toda esta gente mirándonos. Que por qué nos tienen que estar escuchando. Tranquila. No les voy a contar nada que tú no quisieras que oyesen. Sólo están a modo de testigos, no de jueces, y ni van a hablar ni a decirnos nada.
El hecho, la verdad, es que te he estado echando tanto de menos que a veces me lloro encima. Te he buscado, no ya en otros brazos, sino en otras miradas, en otras caricias que no me hicieron olvidar las nuestras. El olvido se me fue de las manos y hasta la fecha aún me ha sido imposible decirle cómo, cuando y donde dejarte atrás. Imagínate cómo lo he pasado que he llegado a envidiar a los que aún no te conocen, porque ellos pueden soñarte a placer sin la angustia de saber que realmente existes.
A estas alturas ya todo es tarde. A medida que le daba puerta a tu ausencia, he ido echando paladas de otras tierras sobre esta añoranza tuya.
No me malinterpretes, no es ingratitud, es supervivencia. Tu, por tu parte, fijo que has abierto ya la jaula de tus ex, que deseaban desde hace tanto tiempo este momento. Salúdales, no te olvides de darles de comer de tanto en tanto y sobre todo pídeles perdón de mi parte por haberles hecho esperar.
Acabadas presentaciones e impresentables, quiero decirte que nada de esto ha sido en vano. Siempre he creído que el arrepentimiento era el analgésico de los moralistas y el anestésico de los cobardes. Y, hoy por hoy, sigo valientemente orgulloso de haberlo intentado, de haberlo perdido todo y de haber sentido lo que tú me has hecho sentir.
Una relación puede ser el mejor espejo, a veces cóncavo, a veces convexo, jamás plano, que enfoque y descubra partes de ti que jamás habías visto desde esa perspectiva. "Estoy descubriendo que no es incompatible que tu seas un mujeriego con el hecho de que me quieras con locura". Nos hemos dolido hasta decir basta, nos hemos herido aún convalecientes, y nos hemos curado hasta resucitarnos casi del todo. Quien no haya fracasado como nosotros, no tiene ni puta idea de hasta donde se puede creer, querer y caer.
Que se aparten los Romeos y Julietas, que miren y aprendan los amantes, amandos y amados de cualquier época, raza y condición, que tú y yo hemos tocado todos los cielos del primero al séptimo, que tú y yo hemos mordido el polvo de todos los infiernos, que tú y yo nos hemos devuelto a la vida, a la muerte, y a todo lo que pueda haber entre medio.
<<¿Sabes cuando estás en una relación en la que todo va bien, no hay discusiones, parece que marcha como la seda, y sin embargo sabes perfectamente que ésa no es la persona? pues a mí, contigo, me pasa todo lo contrario...>>. Y te quedaste tan ancha.
Pero gracias a ti he descubierto muchas cosas. Que lo bueno de la ruptura es todo lo que pone en evidencia. Para empezar, lo más obvio, que seguro podríamos haberlo hecho mejor. Dejarse es sólo el principio del principio. Del psicoanálisis, de la psicopatía, de las psicrobacias. Segundo, se pone en evidencia el entorno de la relación. Como ocurre en la vida, los suburbios de un amor es donde suelen vivir las cosas más auténticas e indeseables del acto de quererse. Amigos, familia, conocidos, todos de pronto se sienten en la obligación moral de tomar partido, cuando nadie se lo ha pedido, y sobre todo, de tratar de entender las cosas que ni siquiera uno acierta a explicarse.
Ahora, con el deseo roto y la intuición dañada, uno intenta recobrar algún resquicio de credibilidad, primero ante uno mismo, luego ante los demás. Parece que, como te equivocaste, todas las promesas que quedan suspendidas en el calendario ejercen de cachitos de mentira contra la ingenuidad de cualquier nueva emoción. Te fallaste, y fallaste a todos los demás, así como a cualquier compromiso que puedas adoptar en un futuro inmediato, simplemente por el hecho de que éste no te funcionó como esperabas.
Además, cada vez que fracases en una relación, no te preocupes, que vendrá algún capullo recordándote lo mucho que estabas dispuesto a invertir en esa relación. Es como si ése se alegrara de todo lo que ahora parece hecho añicos. Poca gente te viene a decir que hiciste bien en fiar, fiarte, confiar y confiarte. A poca gente le importa que aquello deba tener algún valor para ti, y que así no todo sea tiempo malgastado.
Por último, se puso en evidencia mi máxima favorita: que crecer es aprender a despedirse. Un proceso de aprendizaje en el que vamos ganando maestría, pues parece que cada vez nos despedimos mejor de las cosas, situaciones, y personas. Aquí tu has estado increíble. "Pues yo contigo esperaba aprender a no despedirme".
Supongo que no te importará que te lo diga ahora, pero has sido el referente, un nuevo paradigma, la nueva tabla de medidas en un universo pequeño y poco dado a las sorpresas hasta que tú llegaste. Creo que jamás estaré seguro de haberlo dejado contigo. Y eso es precisamente lo que te hace grande, lo que nos hizo grandes a los dos.
Ya solo nos queda la distancia de sabernos desde lejos. Algún día, como suele pasar por los barrios de esta edad, nos volveremos a encontrar, tu con alguien, yo con otra, y deberemos luchar contra esa naturaleza que nos amarró desde el principio, sorteándola con una sonrisa y alguna broma que sólo tú y yo entenderemos.
Si crecer es aprender a despedirse, tú me has enseñado a no querer despedirme, por mucho que no lo hayamos conseguido. Igual porque no supimos ver que si separas un adiós como nos hemos separado tú y yo, de cuajo y recién empezado, lo que te queda es la esperanza idiota con forma de petición tan absurda como a quién va dirigida, ese alguien en el que necesitas creer con todas tus fuerzas, ese alguien al que suplicas, por una vez y sin que sirva de precedente, que te haga caso, un deseo sincero dirigido a nada más y nada menos que a él. Adiós.
Risto Mejide
El pensamiento negativo.
Y creo sinceramente que escribió este texto para definir mi situación actual. Gracias, genio.
No hay que ser muy inteligente para saber que nuestro tiempo ya pasó. Que nuestro verano terminó. Y que sólo queda desearte lo mejor. Te lo mereces.
La sociedad en la que vivimos es liberal, está desmadrada. En estos tiempos dudas con el sexo hay bien pocas.
Chicos y chicas de 13 y 14 años tienen más experiencia sexual que yo. Se mantienen más relaciones esporádicas con desconocidos. El concepto de follamigos ya es necesario. No hace falta ya ni ser novios, ni tener un mínimo de confianza. Tienes sexo y al terminar le preguntas cómo se llama.
Es cierto que existe mucho machismo en las relaciones sexuales: si un chico consigue mantener relaciones con una o varias es un maquina, un fiera, un crack y sin embargo si es al contrario son unas guarras, unas sueltas, etc. Creo que se es injusto en este tema, pero hay un factor que es clave en ello. Y es que ellas tienen el poder de elegir.
Las nuevas tecnologías tampoco ayudan mucho. Hay mucho guarreo y muchas chicas que se dejan, que es lo peor. Y tampoco se puede pretender tener novia o confiar en alguien cuando al mismo tiempo que hablando contigo está tonteando con tres más.
Algunas tienen novio como quién tiene un primo en Pamplona.
Y ya no hablemos del tema alcohol. La cantidad de copas que se toman es proporcional con la abertura de sus piernas, muchas veces independientemente de quién sea el guapo que viene a "cortejarlas". Teoría conocida en todo el mundo.
La niña nochera, aquella a la que todos los tíos conocen, justamente por cualquier cosa menos por ser una buena niña. La fama que te puedas crear por un comentario tiene un margen muy estrecho que hay que saber controlar.
Las chicas que están libres van a pasárselo bien, es decir, a disfrutar. La promiscuidad ya no tiene ningún peligro. Si no tienes sexo, no eres feliz, no se puede disfrutar de la vida. A los tres meses (o antes) sin sexo una mujer ya no tiene criterio o bien podemos aplicar lo antes dicho de los follamigos. No es necesario más de dos citas para acabar revolcándose en la primera cama, en el coche o en el parque.
Las mujeres son más reservadas que los chicos a la hora de hablarlo, pero no se puede decir lo mismo a la hora de aguantar su ausencia.
En general, que para encontrar una mujer decente en estos tiempos es así como una utopía, y encontrar a una chica con 18 años y que sea virgen es motivo de asombro.
Y sí, soy un misogino, un homófobo, un mujeriego y todos los calificativos que me queráis poner, pero a veces me dan ganas de perder la cabeza por esa chica con tanto rollo, tan rock&roll y empezar a creer que puedo confiar en ella. Que puedo confiar en alguien.