Lo único que me ata aquí es que no puedo fugarme lejos, porque en algunas ocasiones lo que deseas es largarte y olvidar todo cuánto existe en tu vida. Sólo preocuparse de saber que paso vas a dar.
El ser humano es muy hipócrita. Demasiado hipócrita. Hipócritas como aquellos que creen en su derecho a que su palabra es superior a los demás, hipócritas que se piensan que no les critican. O más aún que el hecho de que te critiquen te la resbale. Y todavía más el hecho de pensar que él puede y los demás no poseer ese hecho. Me molesta tanto la hipocresía barata, las medias tintas, de callarse cuándo debes decirlo.
Tan hipócrita como yo, que puedo llegar a creer que nadie va a ser mejor que yo en tu vida, ni que nadie te va a dar lo que yo te dí, ni qué nadie te perdonará lo imperdonable. Iluso e hipócrita de mí. Me odio a mí mismo.
El único problema de seguir enredado en la misma órbita, llena de desesperación, alegría y contradicciones cada una en su justa medida y dependiendo del tiempo, de si hace sol o vete a saber de que razón, es que no consigo sacarte de ella. Y lo hago porque me he vuelto demasiado exquisito, demasiado raro. Pienso en cosas que no debería pensar, en que debería dejar actuar. Mi cabeza lo sabe, pero no quiere hacerlo.
Y tú mientras en la órbita haciendo lo que te da la gana, cuándo te da la gana. Como si tu fueras la creadora de mi cosmos, dispuesta a destruir y reconstruirlo para volver a destruirlo cuándo más te pique a tí.
A quién todavía no haya probado ser correspondido, un consejo: NI SE OS OCURRA HACERLO
Perdéreis toda vuestra identidad, vuestra libertad tanto física como mental, y probablemente sufriréis mucho más de lo que disfrutéis. Sólo que seguimos siendo tan hipócritas de quedarnos en nuestra mente con lo bueno.
Si existiría una máquina para retroceder el tiempo y cambiar algo del pasado elegiría, sin dudarlo, el día que fui correspondido.
Qué genial sería esta vida si no hubiera ocurrido. Qué feliz sería compartir la soledad conmigo mismo, y no con este batiburrillo de sentimientos que expongo todos los días a mi subconsciente.
Y no lo cambio por la persona, sino por el hecho del que todos vamos a sufrir alguna vez.
Al fin y al cabo, no hay nada peor que querer a quién nunca va a dejar de defraudarte.
D.
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