viernes, 22 de agosto de 2014

noches demasiado largas


  No recomiendo a nadie a quedarse por aquí.
  No han conseguido desvestir mi inseguridad, por ello, nunca he sabido que hacer.
  Yo no obligo a nadie a estar donde no quiere estar.
  No obligo a nadie a querer pasar un rato conmigo, ni a tener ilusión al verme.
  No obligo a nadie a aguantar mis vaciles, mis actitudes, mis vicios, mis egos y mis rayadas.

  Aquí no hay contrato de permanencia, ni penalización. No hay nadie en el asiento de al lado de su coche, pueden maniobrar como quieran. 
  Se puede marchar cuando se desee. Si le da miedo huya y no mire atrás.       
  Pueden recuperar lo que perdieron o dejaron ir si en algún momento tomaron la decisión de elegir quedarse por aquí.
  Pueden volver a los lugares a los que fueron felices.

  Yo también he tenido dudas. Y no. La culpa no es de nadie. No echo piedras a ningún tejado, es solo mía.
  Pero si alguien decide quedarse, que sea con todas sus consecuencias. Precisamente por ello, aquí nadie se ha quedado por mucho tiempo. Y no me extraña.



  Aquí en este extraño y alejado lugar se te echa de menos. Cada día más. Y hay que controlar las emociones para que no se note. Hay que controlar en medida de precaución. No vaya a ser que pronto decidas irte. No vaya a ser que ya te estés yendo.
  Hay que dejar de ser un egoísta y alegrarse cuando todo te va bien estando lejos de aquí. Hay que ser generoso para no decirte lo que aquí ocurre, dejarte disfrutar y que tengas libre albedrío.

  Sólo puedo decir que hoy mi vida es mejor por culpa de alguien. Y que puedes estar tranquila. Es imposible que sienta por alguien lo que siento por tí.
  Ahora bien, seguimos sin estar preparados. Y lo peor de todo, si algo que debería hacerse fácil es tan complicado, nunca podrá ir bien. 

  Decisiones complicadas es lo que toca. Y pase lo que pase, todas doleran. A corto o largo plazo. Eso ya no se puede evitar. Es el único problema de sentirnos como si fuera nuestra propia sangre.



Márchense de aquí antes de que sea demasiado tarde.






D.

jueves, 31 de julio de 2014

Postal desde el interior

Me quieres. Pero detestas hacerlo.
No me quieres dejar libre. Pero no puedo estar contigo.
Te molesta que intente seguir adelante con otra persona. Aunque tú no quieras serla.
Me pides disculpas porque te quiera. Y aún así sigues sacando tiempo para hacerme volar.
Me pides que después de toda nuestra historia, siga ahí, que no te deje, que no me rompa de dolor.

Esta vida se vive una vez. Y no sabemos cuando sera nuestro final, y aún así solo piensas en ello. En cómo acabará todo sin haber empezado nada. Empiezo a pensar si seguir con nuestro sinsentido.

Te vas, y como quien oye llover. Te vas, y aún así no piensas en permanecer. Te vas, y al final soy el único que va a echar de menos. Porque la diferencia es que yo he superado mis miedos, y para mi suerte o desgracia confío en ti. Yo sí intento aprovechar cada resquicio de tiempo para poder verte.
Nunca podré entenderte porque lo que me dicen tus miradas y tu boca son totalmente diferentes. Ya no sé a quien creer.
Sólo decirte que te voy a echar de menos. Cada uno de los días. Y a que a la vuelta mi corazón seguirá perteneciéndote, el resto de mí será una incógnita.

Ahora sí y en serio te lo digo. Eres libre. Espero que encuentres a alguien que no consiga darte tanto miedo como yo, con el que no mires tanto el futuro, con quien no tengas días de dudas y temores. Ya me has dejado bastante claro que yo no soy esa persona. No te apiades de mí. Las cosas si no se sienten no se puede obligar a sentirlas.
Y si alguna vez decides arriesgarte prometo que estaré aquí para que tengas una apuesta segura.

Puedo darte las gracias en que al final me has echo ver que soy de esas personas que no tienen miedo a tener las emociones a punto de salirse de la piel e ignorar a todos aquellos que dicen que eso es malo, porque es mentira. Aquí siempre serán bien recibidos aquellos que se dejen emocionar.
Yo como buen gilipollas seguiré aquí, perdiendo días solo para hacerte sonreír.
Atentamente tuyo,



D.

miércoles, 9 de julio de 2014

Ni tú ni yo.

    Has entrado, como quién te pregunta si puede pasar cuándo ya está dentro, sin hacer mucho ruido.
    Has penetrado y ahora estás en las capas más profundas de mi piel, en mi propia sangre, has ido directa al corazón donde te gusta devorarme, donde aceleras cada latido, dónde provocas infartos a cada segundo
    Ya no soy yo. Eres tú. Quien dirige, quien controla y acecha, has invadido mis órganos internos, mi cerebro no deja de pensar en ti y mi hígado sufre cada vez que intento contrarrestar tu ausencia con alcohol. Te has adueñado de cada pensamiento.
    Tú mandas.
    Decidirás en que momento respirar y cuando dejar de hacerlo. Me dejas sin aire, te llevas cada molécula de oxígeno de mi cuerpo. Perdona que ya no diga nada, mis palabras se pierden y desaparecen. Dónde agonizo a tu antojo.
    Quédate con este cuerpo. Ya sé que es para tí, lo sé, ya lo he entendido. Es tuyo. Haz con él lo que quieras.
    Pero, por favor. Por favor.
    Si no quieres que siga aquí, mátame ahora. Porque ya no puedo soportarlo.
    Tu juego no deja de dolerme, y yo hace tiempo que decidí no jugar.
    Si no te quieres quedar, sólo te pido una cosa. Odíame. Pero no me hagas creer que sigo ahí.
    O quiéreme. No te pido algo tan díficil. Hubo momentos en los que lo hiciste.
    Sonríe cada vez que pienses en mí. Cada vez que cierres tus ojos.
    Muérete por verme. Llámame a todas horas. Hablame hasta de lo más insignificante que te ocurra. Demuéstramelo.
    ¿Que es lo que te pido? ¿Acaso es mucho? ¿O es lo mismo que me pides a mí?
    Te pido que me quieras, que me digas que me quieres, que estás dispuesta a arriesgarte, que quieres follarme cada vez que te cruces conmigo.
    No pido nada que no hayas hecho antes. Ahora sólo quiero que sea a mí. Que te vuelvas loca. Que sueñes conmigo. Que mires mi número en tu teléfono. Que te desesperes por mí.
    Te digo. Quiéreme. A mí.
    Y puede que a lo mejor esté dispuesto a arriesgarme.




D.

miércoles, 11 de junio de 2014

un lugar donde vivir

    Estas por ahí. A veces me miras, a veces soy yo el que se deja ignorar, y todo siempre a través de una tercera, una extraña. Dura solo un momento, una mirada, una sonrisa o un gesto, el tiempo justo para que me dé cuenta de lo que ya hace tiempo tú y yo sabemos. Qué sí, que sigues ahí.

    Me dejas hacer. Como quien se espera al hambre de postres. Un hambre de vuelta, un hambre necesaria, vergonzosamente orgullosa de tanto hacerse esperar. Por eso me dejas hacer. Que las quiera, que las olvide, que las consienta, que me las ponga, que se lo de todo. Quieres que te vea de vuelta, que te quiera de vuelta, que volvamos juntos a cualquier sitio menos al lugar del que partimos.

    Me vas a dejar. Sé que eres tú la que me lo ha de devolver todo. El dolor que causé, sin intención de hacerlo, pero dolor al fin. Los días que tuve que ser y no fui, pero también los días que fueron y nunca debieron haber sido. Lo que deje empezado. Los besos que me acabé antes de estar acabados. La que me ponga en mi sitio, la que te saque de mis casillas, la que me haga perder el norte, el tiempo, los papeles.

    Tú ya me has encontrado. Solo esperas el mejor momento, el más vulnerable, el más débil, más amable. Pero los dos sabemos que ya me has encontrado. Es solo cuestión de tiempo. Que te presentes en mi vida, me vuelvas loco y me des esa vuelta que me deje mirando hacia la nada del que ya lo ha visto todo.

    Porque ahora sabes dónde estoy.

    Y tú, tú más que nunca, estás por ahí.

Risto Mejide
El pensamiento negativo.


    Como dijo la canción, "el cielo es un lugar en la Tierra contigo". No lo olvides nunca. Yo nunca lo olvidaré. Tú eres el lugar donde quiero vivir.




D.

viernes, 6 de junio de 2014

seems like old times

 
  Piensas si ha sido por alguien. Qué demonios. Siempre es por alguien. Tendemos a amar aquello que nos falta en esta vida. Así fue como ella vino hacía mí, y así es como ella se alejó.
    Pero en ese intervalo de tiempo piensas: "tú eres diferente al anterior, tú eres especial". Mentira.
    Y cómo la vida consiste en que vas cambiando o te van cambiando de pieza, echas la vista atrás. Algo habrás hecho para que tu pieza sea tan rápida de desechar. Y cuándo ocurre una y otra vez, ya de verdad te planteas si en realidad, el culpable eres tú.
    Imposible. Crees que es imposible, que lo diste todo, que eras un buen protector, que siempre estabas ahí cuando te necesitaban, incluso crees que fuiste un buen amante. O eso es lo que realmente quieres ver, sólo para intentar convencerte de que eres mejor que cualquiera que pueda conocer o que ya haya conocido.

    Me lo dice con la mirada aunque su boca lo niegue. Miedo. Me tiene miedo. A mí. Aún sigue sin tener sentido. Dice que quiere ser feliz, que ahora está bien, sin atarse con nadie. Quiere ser honesta conmigo, gran gesto por su parte pero yo prefiero no saber lo que hace con otros y no conmigo. Dice que algún día puede que decida estar conmigo. Me lo dice con mi corazón en su mano, y el suyo resbalándome entre los dedos.
    Teme que vuelva a pasar otra vez. No se dio cuenta de que llegó en mal momento. Yo no podía elegir. 
    No soy de decir las cosas claras, pero no hay que ser muy listo para no verlo. Yo acabé tomando una decisión. Probablemente, esa decisión vino ella hacia a mí y no al revés. Pero la tomé. Pude haber elegido marcharme de todo. Pero esa no fue mi decisión.
    Ahora sólo estoy esperando a que me diga que podría arriesgarse de nuevo, ya tomaré una decisión. 
    La única diferencia es que solamente contigo tengo la sensación de que ando en círculos, y tú siempre apareces de nuevo en mi órbita, y cerca o lejos, yo seguiré andando en círculos hasta que me quieras encontrar.
    Desde el primer momento supe que eras diferente al resto. Tú y yo no podemos ser amigos.
    
    ...



    "-Pues no se en que he fallado, no puedo creerlo, en algún punto se me ha enfriado, ¿ha sido por algo que he hecho yo?
    - Jamás es por algo que has hecho, las personas son así, el amor se marchita”

Annie Hall, 1977




D.

viernes, 16 de mayo de 2014

te gustaba mirarme detrás de la carta de postres

¿Qué se debe de hacer cuándo se ha tocado fondo? ¿Qué se hace cuándo después de caerte una y otra vez y levantarte cada una de ellas te vuelven a tirar a la lona? Cuándo dedicas tu vida a demostrar que puedes cambiar, cuándo se lo demuestras y el resultado es acabar sintiendo que lo has perdido todo.
Hacía tantísimo tiempo que no me sentía tan mal, tan como una mierda, que no lloro sólo por rabia y por conservar el mínimo orgullo que me queda.
Sigue pasando el tiempo, y sigue la gente sin valorar lo que se tiene y a la vez se desprecia.
Y ya no se qué hacer. Para que seguir intentándolo. He fracasado en todo lo que he intentado conseguir. En todo lo que he amado.
No han cesado de destrozar este corazón, al que ya sólo le queda rabia. El mismo que hace un año decía que iba bien por ese camino: que no me dejasen de atar, que si lo hacían volverían a destrozarlo. Que siguiera siendo un cabrón, un insensible y no sintiera el mínimo afecto por nadie. Maldito sea en que dejé de hacerle caso.
Me gustaría mentirle y decirle que no albergaré esperanzas de que algún día seas capaz de ver tu error. Pero mi corazón, el más idiota de todos, siempre esperará que alguien le cuide. Sólo se que ahora me toca entonar la canción más fea del mundo.



D.

domingo, 20 de abril de 2014

Vuelvo a dejar que pases.

Lo entendí hace tiempo, y las experiencias de personas (y la mía propia) que conozco hacen que lo corrobore.
Avanzar, como olvidar, es uno de los actos más complicados que hay en la vida. 
Lo pasamos mal al intentar avanzar, por eso, cuándo llega a nosotros el pesimismo, la tristeza y el abandono no se tiende a avanzar sino a retroceder a aquello que nos impide avanzar, para sentirnos bien e intentar coger impulso para seguir hacia adelante. 
No podemos avanzar si aún hay cosas que nos ligan al pasado. Hay muchas personas a nuestro alrededor, que nos quieren, que nos ayudan y que nos hacen ver que con ellas sería fácil avanzar, pero el ser humano es de género idiota y al final caemos a lo que durante tanto tiempo hemos intentado evitar. 
Y ya en esta situación nos da por afirmar que ya que estamos otra vez partiendo de cero y que todo lo avanzado después de tanto tiempo ha quedado en balde, a lo mejor podríamos volver a recorrerlo con esa persona. 
Porque ha habido personas que te han puesto mil trabas en el camino, más excusas y sólo riesgos. Que no te han demostrado nada o lo han hecho tarde y mal. Entonces llega la gran pregunta, ¿para que avanzar si lo único que me ha hecho feliz es el pasado? 
A mí me ha ocurrido, y he vuelto a caer en el error de pensar en que nada volverá a ser como antes, que no tiene sentido llorarle al presente cuando el pasado llama a tu puerta. Y es que hay que pasarlo realmente mal para avanzar, y aún peor para no caer a aquellos "errores" que nos hicieron tan felices.

Al final, la esencia de esta vida consiste en eso. En compartirla con otro ser para no sentirnos sólos. Para que cuando estemos mal, alguien que realmente le importas incondicionalmente te eche un hombro por encima y te diga que esto sigue, que no te olvides de que seguirás tropezando, que comienza un nuevo día. 
He creído (con lo ñoño que soy) que yo sería una de esas personas que no conciben la vida sin estar sólo. Que necesitaba que alguien me dijera que un día nuevo empieza pero con esa persona al lado.
La soledad de uno mismo es tan maravillosa que poca gente la conoce. Esas ganas de no depender de nadie. El amor es precioso, pero lo que jode y molesta no lo sabe nadie. 
Y es que sé que al final de cada día la única persona que seguirá apoyándote en que vuelvas a tropezar una vez más serás tú mismo. Y eso ocurrirá cada uno de los días de nuestra vida.
Esa sensación de que un día nuevo comienza, que no sabes ni lo que te deparará, ni las veces que volverás a errar. Pero si sabes que ahí seguirás. Luchando por equivocarte hasta que exista un día en el que choques con algo que no quieras desprenderte nunca.


He tenido mucho tiempo en estos días para pensar, para encontrarme a mí mismo y para echar de menos a personas que no te das cuenta de lo que son hasta que las pierdes. Y he llegado a una conclusión. 
Prometo que esta es la última que voy a retroceder.




D.